RESILIENCIA: Una capacidad crítica para enfrentar el futuro


Hoy encendí el televisor y me golpearon las imágenes de Pakistán, una realidad que contrasta contra el día soleado que veo por la ventana con vistas a una de las paradisíacas playas de la República Dominicana.

Lo que sucede en Pakistán, es solo una muestra de las consecuencias de la crisis climática en la quevivimos, una emergencia que ha tocado a esta nación con impactos devastadores a la fecha, 1,350 muertes, 1 millón de viviendas destruidas, 30 millones de desplazados y aproximadamente un tercio del país bajo las aguas.

Sin duda, un duro golpe (inicialmente se calcula en unos 10 mil millones de dólares del PIB según Amnistía Internacional), a una sociedad con bajas capacidades para la atención de una crisis de esta magnitud, y a la que le espera un largo camino de recuperación por delante, paradójicamente, a un país responsable de tan solo el 0,4% de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta desde 1959.

Cuando los problemas se ven a la distancia los consideramos lejanos, inconexos y poco probables, sobre todo cuando por la ventana vemos una realidad diferente, pero hoy, ninguna región esta exenta de padecer un evento climático extremo cualquiera sea su naturaleza.

Esta playa de una isla enclavada en el Caribe está ubicada en una de las regiones más vulnerables al cambio climático, y entre otros factores, se encuentra en medio de un corredor de huracanes que tienen su temporada anual. Hoy, por ejemplo, en el pacífico occidental se ha registrado un ciclón con vientos de hasta 350 Km/hora. ¿Se imaginan el impacto?

Frente a estas realidades y los escenarios que de ella se desprenden, se hace responsabilidad de los sectores público y privado, trabajar, cada uno en su ámbito de acción e influencia y también mancomunadamente, por incrementar la resiliencia del aparato productivo a través de una efectiva gestión de riesgos.

Comprender la situación de nuestro entorno y los riesgos a los que estamos enfrentados, resulta fundamental para, no solo prepararnos a resistir, sino para trabajar anticipadamente a mitigar los existentes y reducir las probabilidades de crear nuevos riesgos, esto último involucra en muchos casos un replanteamiento de cómo hacemos las cosas, aplicando innovación y mejoras en nuestros diseños y procesos productivos y de gestión.

Lo primero que tenemos que considerar es la necesidad de elevar el estado de conciencia en nuestras organizaciones, solo un alto nivel de conciencia sobre las implicaciones nos permitirá desarrollar la sensibilidad para considerar esta práctica como un proceso crítico para la sostenibilidad de nuestros negocios.

Incrementar la resiliencia es una combinación de esfuerzos individuales y colectivos entre sectores, debidamente coordinados para poder identificar riesgos propios y comunes que puedan afectar el normal desempeño del mundo empresarial ( ambientales, geopolóticos, sociales, tecnológicos, operativos, etc.) Esto va a requerir, no solo de la capacidad técnica para el levantamiento e identificación de riesgos, sino la conformación de instancias de colaboración que permitan concentrar recursos, talento y mejores prácticas que puedan ser masificadas en aras de alinear a todos los actores.

En ese sentido, los esfuerzos colectivos, muchas veces promovidos desde los gremios u otras organizaciones, juegan un rol muy importante, pues permiten alinear a todos en torno a una estrategia común, independientemente de aquellas estrategias particulares que cada empresa deba contemplar de acuerdo con sus características y condiciones particulares. Particular mención merecen, por ejemplo, ARISE, la alianza de la oficina de Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos de Desastre y el Sector Privado, en el contexto de la aplicación del Marco de Sendai, o los esfuerzos que llevan a cabo organizaciones como la red INTEGRARSE, que agrupa a 7 organizaciones de Centro América y el Caribe que trabajan en torno a los temas de sostenibilidad.

Nuestras empresas conviven permanente con una serie de riesgos latentes que resultan inherentes a su propia operación, y está demostrado que la gran mayoría de los eventos adversos que las empresas pueden llegar a enfrentar provienen de estos, razón por la cual, establecer una cultura de riegos en su empresa implica orientar a todos los colaboradores en la dirección de identificar y alertar tempranamente sobre ellos. Sin embargo, hay que sumar a estos los riesgos provenientes de factores totalmente exógenos que no controlamos, y frente a ellos debemos plantear políticas, escenarios y protocolos que nos ayuden a reducir los impactos en caso de activarse.

A mayor resiliencia, mayor será la capacidad para el desarrollo de la competitividad empresarial, sobre todo cuando nos enfrentamos a un entorno cada vez más adverso, cosa que la reciente pandemia de COVID 19 debe habernos enseñado. El prepararnos como empresa para reaccionar apropiadamente antes escenarios de desastre ambiental, por ejemplo, apunta a disminuir el grado de afectación, y, por tanto, lograr una mayor velocidad en los procesos de recuperación.

Las empresas tienen un rol social fundamental pues son proveedoras de bienes de consumo y servicios esenciales para la vida moderna, y es parte de la expectativa social que, frente a eventos contingentes, estemos preparados para resistir y asistir apropiadamente a la sociedad en momentos donde se pondrá a prueba nuestra preparación y responsabilidad, incidiendo directamente en nuestra reputación.

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